
Con el fin de las fiestas decembrinas y el regreso a la rutina, muchas personas experimentan tristeza, desánimo o incluso síntomas depresivos durante enero y febrero, un fenómeno conocido como “cuesta emocional”. Especialistas señalan que factores como el contraste entre el ambiente festivo y la vida cotidiana, preocupaciones económicas tras los gastos de fin de año y la reducción de luz solar pueden afectar la producción de neurotransmisores relacionados con el estado de ánimo. Además, expectativas poco realistas de metas de año nuevo pueden generar frustración si no se logran. Es importante diferenciar entre tristeza temporal y depresión clínica, esta última con síntomas más persistentes y graves. Expertos recomiendan prácticas como mantener rutinas saludables, hacer ejercicio y buscar apoyo profesional si los síntomas interfieren con la vida diaria.
