DestacadoYucatán

Durante 14 años, Duke tuvo como hogar uno de los sitios arqueológicos más importantes de México: Chichén Itzá

Llegó siendo apenas un cachorro y creció entre las antiguas construcciones mayas, acompañando a los custodios durante sus jornadas y recorriendo libremente la zona arqueológica.
Era un perro mestizo, de pelaje café, alegre y juguetón. Con el tiempo se convirtió en uno de los conocidos popularmente como los “perros sagrados de Kukulcán”.
Duke tuvo una vida prácticamente completa entre las pirámides. Vio amaneceres y noches en Chichén Itzá, mientras millones de visitantes llegaban y se iban. Él permanecía ahí.
Tuvo además una relación especial con el custodio nocturno José Antonio Keb Cetina, quien lo recordó como un excelente guardián y contó que, incluso de viejito, seguía comportándose como cachorro.
El 22 de julio de 2024, Duke murió después de padecer una enfermedad.
Su historia tiene un simbolismo especial: siglos atrás, los perros ya tenían un lugar dentro de la cosmovisión maya. Hoy, Duke es recordado como otro guardián que caminó entre aquellos templos.
Las pirámides siguen ahí. Los visitantes continúan llegando. Pero desde aquel día, Chichén Itzá perdió a uno de sus guardianes.
Créditos: José Keb
Botón volver arriba
error: Acción no permitida