
Para llegar, los arqueólogos descendieron más de 10 metros en rápel y atravesaron estrechos pasajes hasta encontrar un lugar donde el tiempo parecía haberse detenido.
Lo que descubrieron fue extraordinario: 179 piezas arqueológicas intactas, entre urnas, incensarios y figuras de jaguares, serpientes y tecolotes, utilizadas por la antigua cultura zoque hace más de un milenio.
El INAH considera este uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de las últimas décadas en Chiapas.
No era una cueva cualquiera. Era un santuario que había permanecido en silencio durante siglos.
