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Familia de bebé que sufrió un paro dona sus pulmones a niño de 2 años

En Barcelona, un equipo de médicos extrajo los pulmones a un bebé en un paro cardiaco controlado, una cirugía poco común en a nivel mundial, para trasplantarlos a un niño de dos años que estaba en lista de espera para recibir esos órganos.

Integrantes del departamento de cirugía torácica y trasplante pulmonar del hospital Universitari Vall d’Hebron realizaron el procedimiento que es poco habitual en España, pues la estructura y tejidos de los pulmones de un bebé no son los mismos que los de una persona adulta.

Con la cirugía, los doctores al frente del trasplante, Laura Romero, Irene Bello, Leire Sánchez, Lis Vidal, Nacho Iglesias y Alberto Jáuregui, le dieron una nueva vida al pequeño Lleïr, quien cumplirá tres años en noviembre.

“Nada hubiera sido posible sin la familia del donante”, explica el doctor Alberto Jáuregui, responsable de cirugía torácica y trasplante pulmonar del Vall d’Hebron. Esos padres hicieron “el mayor acto de amor imaginable: regalar una vida y salvar a un niño y a otra familia”.
El día de la operación, el receptor estaba preparado, esperaba en el quirófano y listo para iniciar el procedimiento, mismo que el hospital universitario ya ha realizado muchas veces en adultos gracias a que España es un país líder en el mundo en donaciones. La mayoría de donantes tienen unos 60 años y la donación se produce a raíz de la muerte encefálica, pero hay otro tipo de donaciones.

La falta de órganos es un doble problema cuando quien está en lista de espera es casi un bebé. Por fortuna, los menores tienen tasas de bajas de mortalidad y no hay muchos casos con enfermedades pulmonares terminales. Sin embargo, como nadie está preparado para despedir a alguien tan pequeño, muchas veces ni médicos ni familiares se plantean la donación de pulmones. Por eso es tan importante el caso de Lleïr.

Sus expectativas no eran buenas. Nació con los pulmones dañados. ya que el derecho le funcionaba con problemas y el izquierdo prácticamente no funcionaba, además presentaba una cardiopatía congénita.

El menor requería un trasplante. Una mañana, tras más de un año de espera, le llamaron a su familia para informarles que había un posible donante.

Los padres de Lleïr acudieron de inmediato al hospital desde su casa. Aquella tarde un equipo encabezado por las doctoras Laura Romero y Leire Sánchez realizó el trasplante. El menor estuvo alrededor de tres meses recuperándose en el hospital.

La historia tuvo un inicio complicado, porque el personal de salud tuvo que retirar el soporte vital al donante, que era un bebé en estado irreversible y que permanecía vivo por la ayuda mecánica.

Cuando la familia del bebé dio el consentimiento, el donante fue llevado al quirófano y se le desconectó la asistencia, entonces su corazón dejó de latir.

Una vez iniciado el procedimiento, comenzó una carrera contrarreloj. Todos los órganos humanos comienzan a deteriorarse en cuanto se produce la muerte y los pulmones son de los más frágiles, por ello fue tan importante actuar con velocidad.

“En donantes tan pequeños, no sabemos cuánto tiempo pueden estar los tejidos sin recibir oxígeno, de manera que la cirugía tuvo que ser lo más rápida posible”, dijo la doctora Irene Bello.
En el caso de Lleïr, además, hubo que remodelarle el corazón para corregir su cardiopatía congénita. Aunque este pequeño libró la batalla del trasplante, aún le quedan enfrentar algunas otras.

Los padres nunca estarán solos y recibirán información sobre “el tratamiento, la dieta y la actividad física aconsejable para la total autonomía de su hijo”, afirmó Lis Vidal, enfermera gestora de trasplantes. “Seguiremos el caso para evitar complicaciones respiratorias o infecciones”, añadió el doctor Iglesias.

La doctora Romero aseguró que nunca olvidará la operación de Lleïr, sin embargo, no recuerda cuántas horas duró. Muchas, pero no sabe cuántas “porque de lo primero que te olvidas es del reloj”. Aún así, indicó que si tuviera que destacar un momento, no lo dudaría: el punto en que los pulmones comenzaron a funcionar en otro cuerpo.

“Cuando extraemos los órganos del recipiente en que viajan, sin sangre ni aire, no parece que sean lo que son. Un tejido muy flojito. Pero en cuanto los pulmones se implantan y la sangre comienza a irrigarlos y a darles su color, no hay palabras para resumir la satisfacción de todas mis compañeras y compañeros cuando vuelven a funcionar”.

Otro gran momento, indicó el grupo de especialistas, fue cuando Lleïr recibió el alta y no paró de jugar en la cama del hospital. Entonces, el doctor Jáuregui pidió a los padres que enviaran fotos al hospital para ver los avances del menor tras la cirugía.

Los padres de Llïer agradecieron a la familia del donante, quienes fueron artífices de la historia, así como a todo el equipo del hospital Universitari Vall d’Hebron, desde auxiliares hasta los seis curicanos que estuvieron al frente del trasplante.
Fuente: Milenio

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